En la primera
reunión con los equipos de cada Centro analizamos de una forma general,
reflexiva y relajada, el papel del educador:
actitudes. Para ello había enviado previamente a cada Centro dos documentos
que nos parecieron a mi tutora y a mí muy cercanos a la realidad son:
·
El
capítulo 7 del libro de Gema Paniagua / Jesús Palacios. (2005) Educación
infantil. Respuesta educativa a la diversidad. Madrid: Alianza Editorial.
·
Lobo, E (2002): Educar en los tres primeros años.
Madrid: Teleno.
CONCLUSIONES
Partimos del
convencimiento común de que la figura del educador/ a debe: estar presente, acompañando,
empatizando, sosteniendo y haciendo evolucionar situaciones vividas por los niños.
La manera de ser y
hacer debe estar muy cuidada y pensada. Debe acompañar al niño, interactuado
con él pero sin invadir. Viendo al niño o niña como es, tomando distancia para
ajustarse adecuadamente a sus acciones.
Procurando en todo
momento un entorno seguro, que garantice la seguridad afectiva y física. Para que como profesional, puedas tomar
distancia y resolver los conflictos, con firmeza cuando sea necesario, y así
responder a la necesidad del límite para que el niño pueda crecer.
Debe respetar,
acoger, escuchar y comprender al niño
sin fusionarse con él, para poder proporcionar un sostén emocional ajustado.
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